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 LAS REGLAS DEL ARTE

INTRODUCCION

Prácticamente todo Contrato, Pliego de Condiciones o Especificaciones, menciona en algún lugar de su texto a las "Reglas del Arte" ­ en el sentido de "Reglas del Arte de Construir"­ como modo de referirse a las normas correspondientes a la única manera correcta de ejecutar las obras, a su totalidad o en forma subsidiaria completando las especificaciones de los pliegos para lo no detallado en los mismos.

La frecuencia de la mención de las Reglas o la importancia a ellas asignada, ha sido mucho mayor en la documentación técnica de la primera mitad de este siglo y antes, que en la actualidad, en que observamos que su ubicación en los escritos tiene un lugar cada vez más relegado, lo que podría estar mostrando algunas dudas sobre su utilidad o su significado.

Algunas explicaciones de textos legales se refieren a ellas como los "principios técnicos que regulan esta clase de trabajos"; y también en forma indirecta por a lo que aquéllas se refieren: calidad de la obra, su seguridad, estabilidad y aptitud para servir a su destino.

Pero estos textos siguen sin aclarar cuáles son las Reglas; dicen para qué sirven pero no cuáles son.

Como nos induce a pensar su nombre en cuanto al término "Reglas", podría suponerse que consisten en un pormenorizado y extenso detalle de normas y principios, de carácter ineludible y mucha claridad que, de cumplirse, garantizarían la perfección de los trabajos y permitirían detectar errores con precisión; y que la ausencia de su trascripción en pliegos se debería a su extensión y/o a la circunstancia de estar ya suficientemente expuestas en algún lugar de consulta.

A todo ello contribuye el hecho de que siempre la mención de las Reglas se hace en términos absolutos, como de algo terminante y consabido: no es acompañada por ninguna frase aclaratoria.

Sin embargo las "Reglas del Arte" de construir no figuran escritas en lado alguno, ni personas del oficio podrán responder más que por algunas, y con ciertas dudas sobre en qué consiste su nómina.

Si supuestamente un extranjero es contratado para realizar una obra en el país, exigiéndosele su ajuste al Código Civil, a las Leyes Impositivas, a las Laborales, a los Reglamentos Municipales y a las Reglas del Arte, encontrará perfectamente aclaradas las cuatro primeras, pero de la última ­como listado coherente­ no encontrará referencia alguna, por más que busque o pregunte.

EL PUNTO DE VISTA JURIDICO

Los tratadistas de Derecho nos remiten al artículo 1632 del Código Civil: "A falta de ajuste sobre el modo de hacer la obra, y no habiendo medida, plano o instrucciones, el empresario debe hacer la obra según la costumbre del lugar, o ser decidida la diferencia entre el locador y el locatario, en consideración al precio estipulado".

Lo que sólo nos aclara qué hacer cuando no hay medida, plano o instrucciones: seguir las costumbres del lugar.

Esto es en cuanto a toda posible referencia encontrada en textos de leyes.

El artículo 1632 del Código Civil, tiene su jurisprudencia, la cual debería ayudarnos a su interpretación, o al menos a la interpretación de las "Reglas del Arte" dado que a ellas se refiere: "la mejor Regla del Arte equivale a la costumbre del lugar y significa que el trabajo y material empleados deben ser de la calidad allí corriente para que la obra se considere bien ejecutada de manera que resulte apta para su destino".

Con lo que vemos que por este camino no encontraremos nuestras Reglas como tales, o en su supuesto carácter universal, dado que se han transformado en costumbres locales.

Concepto sabio y útil en cuanto a dirimir ­exclusivamente­ controversias: lo que hacen los demás en el lugar es lo correcto.

DISTINCION ENTRE LO JURIDICO Y LO TÉCNICO

Pero hemos de ver que este concepto no nos es útil en cuanto al mejoramiento de las técnicas o a los fines docentes, pues de aplicarse esta única definición que hemos encontrado, sería imposible mejorar las técnicas dado que siempre primarían las costumbres aunque éstas hayan confundido las antiguas técnicas o las hayan olvidado.

Qué hará un Jefe de Obra en un lugar remoto con personal de pocos conocimientos; ellos le dirán: "ignoramos las Reglas por lo tanto lo que es corriente aquí está bien ejecutado"?.

Si en los lugares alejados, la distancia puede hacer perder el oficio, también es posible que la distancia a las fuentes en el tiempo cause el mismo efecto, de lo cual lamentablemente somos hoy testigos.

Cabe entonces preguntarse porqué, si estas definiciones posibles de las Reglas son tan ambiguas e indeterminadas, desde siempre los pliegos se refieren a ellas como fuente inapelable de saber y de referencia indiscutida.

VIGENCIA DE LAS REGLAS

No obstante su no existencia al menos en forma escrita ­como hemos visto­, plantear la duda ante un conocedor del oficio trae generalmente como consecuencia una encendida y enérgica confirmación de la existencia de las Reglas y la inmediata enumeración de algunas como ejemplo, aunque no de todas pues ello resultaría tarea imposible.

La Regla correspondiente aparece sólo cuando surge el problema o se dá la instrucción pertinente; pero en cuanto al consenso de su vigencia, es él invariablemente unánime.

Ocurría con frecuencia que alguna impericia de un novato, o algún movimiento o gesto ajeno al ritual establecido ­una trasgresión a las Reglas del Arte­, era motivo para una tremenda trifulca y rosario de improperios por parte del Capataz General o del Jefe de Obra, sin necesidad de mayor explicación justificatoria salvo el unísono pendular lateral de cabezas en signo de acuerdo con la observación y conmiseración por el culpable, de parte de la oficialidad de la obra y los ayudantes veteranos.

Consiste su vigencia en ese saber implícito nunca expresado ni concretado en letra escrita y sin embargo de conocimiento tan acendrado que ahorra páginas enteras de pliegos con el sólo arbitrio de mencionar su nombre.

LAS ARTES Y LAS REGLAS

Habitualmente se conviene que los comienzos de la actividad industrial occidental se origina en las agrupaciones de artesanos de los centros urbanos de la Edad Media (fines de siglo XI), reunidos inicialmente en cofradías y luego por gremios según las profesiones, al estilo de las corporaciones mercantiles de los comerciantes y de las asociaciones religiosas, de aquella época.

Algunos estudiosos remontan el origen de los gremios a los "collegia" y las "artes" que bajo el Imperio Romano agrupaban a los artesanos de las ciudades, y otros, a las agrupaciones de artesanos amparados bajo el derecho señorial de los feudos, pero la mayor parte de los autores modernos sostienen la opinión de que surgieron asociados espontáneamente como trabajadores urbanos en búsqueda de su autoprotección y el perfeccionamiento de sus técnicas.

El carácter reglamentario que había dominado la legislación económica del Imperio Romano subsiste en las autoridades de las ciudades, las que intervienen en el desenvolvimiento de las agrupaciones de artesanos, reglamentando las prácticas industriales y vigilando las ventas, y asegurando de este modo el monopolio y control industrial de los oficios en cada área.

Con ello se aseguraba tanto una protección al consumidor en cuanto a la calidad del producto, como al trabajador en lo que respecta a la seguridad de su subsistencia y la continuidad en la asimilación de las técnicas, al mismo tiempo que mantenían el prestigio del producto en su exportación al extranjero.

Este sistema devino en una rígida organización por gremios, formados por maestros como pseudoempresarios; los oficiales, como los que adquirieron la habilidad pero no habían accedido al capital para independizarse; y los aprendices, que debían asimilar el oficio durante muchos años.

Cada maestro encabeza un limitado número de operarios y aprendices, formando una pequeña organización sujeta a las reglas del gremio y a las reglamentaciones del Municipio, todas de carácter muy estricto.

Hacia el siglo XIII las reglamentaciones internas en cuanto a la elaboración y comercialización de los productos son detalladísimas, y en el siglo XIV los gremios llegan a su máxima preponderancia y a la progresiva liberación de las tutelas, coincidiendo con el comienzo del término de la expansión de la economía medieval.

Los maestros transmiten a los aprendices el arte de su industria ­la incorporación por observación y práctica de las infinitas pequeñas destrezas y saberes­ y las reglas generales a que aquél debe someterse para lograr la perfección en el trabajo terminado.

Esto se refiere a la asimilación de las técnicas por la constante observación de la actividad del maestro en su cercanía, con su práctica inicial (incorporación inconsciente), y el conocimiento racional de las reglas generales.

En un principio y hasta el siglo XVIII (en España, por ejemplo), también debían estar agremiados con los doradores, retableros y carpinteros, los pintores, escultores y arquitectos, con lo que vemos el origen común de todas las artes.

Deducimos así el concepto de arte en los oficios, derivado del conocimiento de todas las pequeñas técnicas y destrezas artesanales imposible de enumerar y las reglas que establecen los controles básicos de aquéllas.

LA INDUSTRIA MODERNA

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se produce en Gran Bretaña un cambio fundamental en los modos de producción industrial, facilitado por diversas circunstancias coyunturales, lo que da inicio a la llamada Revolución Industrial.

Las características propias del proceso, gran iniciativa y creatividad del empresario, desconexión afectiva del trabajador con el producto y con su fuente de trabajo, división de las tareas en funciones repetitivas y monótonas, contrasta en modo sustancial con las particularidades del régimen artesanal, conservador de técnicas, controlador de iniciativas y personalizador de los vínculos laborales con la fuente y con el producto.

Los nuevos procesos, con el tiempo, delegan la precisión en las maquinas, y la standarización e intercambiabilidad de los componentes del producto facilitan el control de la calidad bajo reglas totalmente racionales y explícitas, tornándose innecesario una mayor destreza o conocimiento personal del trabajador.

El entrenamiento de la mano de obra es más sencillo, volcándose la experiencia acumulada hacia requerimientos de tipo organizativo y tecnológico.

El producto resultante adquiere también una fisonomía propia consecuencia del proceso de fabricación, lo que ha enmarcado nuestra vida cotidiana en los dos últimos siglos.

La Revolución Industrial, a pesar de su difusión acelerada, tarda en algunos países en expandirse, como en Italia y España, donde se implanta definitivamente recién a fines del siglo XIX.

No en vano ha sido en la inmigración de esos países con mayor experiencia artesanal, donde hemos observado mayor facilidad para comprender el modo de adquirir y transmitir conocimientos de técnicas constructivas, en las que tienen tanta preponderancia los aspectos artesanales.

LA INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCION

La construcción es posiblemente la última de las industrias que contiene restos de la impronta artesanal, de lo que quizá nunca pueda o deba desprenderse.

La irrupción del acero en el siglo pasado y del hormigón armado en los principios del actual, introdujeron procesos de industrialización y mayor precisión técnica, en una industria reservada hasta el momento a la manipulación artesanal de la madera, los ladrillos o la piedra.

Novedosos elementos mecánicos para facilitar la mezcla, el corte, elevación, transporte y fijación, acercan y simplifican las operaciones de los componentes a instalar, pero no resuelven la última puntada que depende aún de la destreza del operario.

Sorprendentes desarrollos tecnológicos en construcciones prefabricadas se han originado en Rusia, Francia y Europa en las últimas décadas, como también la preferencia por las construcciones "en seco" desarrolladas en Estados Unidos, y en todas las innovaciones que observamos a diario en la industria local.

Pero existe una diferencia con el resto de las industrias donde el producto sale terminado: aquí siempre se requiere el último ajuste por parte de un operario que conozca el oficio y... las Reglas del Arte.

Las del mismo tipo que conocían los "collegia" Romanos, los 7 siglos de gremios medievales y nuestros constructores con mampuestos del siglo XIX, y XX.

LAS REGLAS DEL ARTE

Son éstas entonces todas las pequeñas técnicas y conocimientos que posibilitan manipular con habilidad materiales heterogéneos mayormente de origen natural, frágiles y de dimensiones variables, en conjunción con otros de origen industrial y aún otros susceptibles de procesos químicos, todos afectados o afectables por las condiciones climáticas, en un medio riesgoso, con instrumentos rudimentarios, a fin de componer un producto final acabado, resistente, duradero y apto para su uso.

La transmisión de estos conocimientos sólo parcialmente es posible a través de la palabra escrita, pues la faz práctica sólo es susceptible de incorporarse con la transmisión personalizada y la observación constante en el tiempo, al estilo de los antiguos gremios.

Por ello no será posible obtener un listado de las Reglas salvo preguntando a algún antiguo del oficio por alguna en particular, y aún así quizá no sepa expresarse en palabras sino a través de la ejecución, en este aspecto de acuerdo a su origen común con los artistas, que sólo se expresan a través de sus obras.

Pero aún así estimamos que gran parte de esta tradición se ha perdido en nuestro país en la segunda mitad del siglo, puesto que este proceso requiere largo tiempo de maduración no compatible con los cambios bruscos económicos y laborales característicos de nuestra época.

Intentos de definir las Reglas del Arte como costumbres del lugar no se ajustan a las fuentes de su definición, y colaboran al descrédito de la profesión, pues su esencia se halla en la tradición técnica que aspira a la perfección y no en la costumbre promovida por no idóneos y adoptada por necesidades circunstanciales.

CONCLUSION

De lo expuesto concluimos que si bien las Reglas no se pueden establecer en su totalidad, su vigencia parece universalmente requerida en la profesión. Pensamos que cumplirían las veces de garantía de hacer las cosas bien de todos modos aunque ello no fuese taxativamente exigido; ésto hace a la moral de la profesión y a la profesionalidad de los artesanos, por lo cual sostendremos la eterna vigencia de las Reglas aunque no tengamos su listado.

Otro tema es saber cómo es hacer bien las cosas, y ésto no es resorte del mayor esfuerzo físico sino del conocimiento. Para lo cual habría que intentar mantener, alentar y/o reconstruir la antigua cultura artesanal y el orgullo por la perfección alcanzada en la obra realizada. Por aquello de que el albañil de hoy que coloca un ladrillo dice que está colocando un ladrillo, y el artesano de la Edad Media que hacía lo mismo con una piedra, decía que estaba construyendo una catedral.

Ese orgullo tiene que ver con la dignidad y la cultura, para cuyo desarrollo hace falta también respeto, salarios dignos y seguridad; pero ya estaríamos refiriéndonos a otro tema.